martes, 15 de enero de 2013

La herida abierta

Quisiera poder escribir algo positivo. Quisiera poder decir que a pesar de todo lo bueno que he vivido en este último medio año, estoy feliz, pero siempre quedan resquicios que me impiden ver la vida con todo lo positivo que se puede absorber de ella.

Las cosas terminan, porque tienen que terminar. Los motivos por los que terminan quedan en el aire, sin explicar, sin entender. No solo los motivos sino también cosas que preceden a tan fatídico momento, que es la ruptura. Es un conjunto de dudas que se ciernen sobre tu cabeza día sí y día también. Intentas evitarlas, llenar esos espacios que dan pie a que tu cabeza empiece con ese “run run”, pero siempre acabas cayendo. Y hay muchos momentos. Todos ellos solo. Puede ser en tu habitación, escuchando una canción que potencie la negatividad, no por su letra, sino por su melodía. Puede ser un momento de descanso durante un jueves noche en la discoteca. Te paras, te sientas, miras al infinito y vuelve todo, multiplicado por dos.

Hay una mano negra que actúa en los recovecos mas inesperados de uno mismo y que, si no aprendes a controlarla, puede llevarte a la desesperación. A falta de controlar ese escalofrío que en ocasiones nos recorre la espalda, tienes que hallar una solución alternativa. Pero no nos vayamos por las ramas, hoy no es el momento.

¿Qué puedes hacer cuando te viene a la mente todo? Quizás llega el momento de seguir sentado, o sentarse, o quedarse de pie, pero en definitiva abrir la puerta a los conflictos. Es divertido decir abrir la puerta a los conflictos, sobre todo porque no entra nada real, y lo que “entra” no es nadie más que tú mismo, para hablarte de las cosas que tienes en la cabeza y te están martirizando. Entran varios tú. El tú que quiere hacerte sentir culpable. El tú que te da un abrazo y te dice que sigas tu camino, que hiciste todo lo posible. Y aquel tú que duda de tus actos, recordándote momentos en los que quizás pudiste actuar diferente.

Os reunís todos, os sentáis como si fuerais un grupo de terapia de alcohólicos anónimos, y habláis. Primero te toca el turno a ti mismo, que lanzas lo que te atormenta al aire. Todos te miran, y tú buscas una respuesta. Siempre tiene que haber una primera persona que alce la voz. Suele ser tu “yo” menos crítico, que te ve la cara de desesperación y trata de calmarte. Una sonrisa y una frase complaciente. A continuación viene aquel que quiere echarle un capote a la otra parte que no está ni de forma imaginaria ahí. Te entran las dudas de qué deberías haber hecho, y ahí es cuando tu “yo” más crítico te remata con un golpe maestro. Y un sentimiento de culpa. ¿Qué pretendes? Para algo está ahí, y tal vez esté camuflando en él la verdad más amarga.

Analizas las respuestas, juras por lo más sagrado que tienes que serás objetivo al recordar los momentos más “peligrosos”. Lo intentas, pero nunca puedes ser lo suficientemente objetivo. Somos así. Nuestro inconsciente trabaja duro para que la maquinaria funcione a la perfección, y una depresión puede desbaratar todo lo ya conseguido.

¿Cómo hay que lidiar con esta situación? Sabes que no vas a poder ser imparcial, sabes que no vas a conseguir olvidar a esa otra persona básicamente porque lo que eliges que forme parte de tu vida logra un hueco en lo más profunda de tu corazón, y es una zona tan sensible que todo le hace daño. Elige.

Por más que lo pienso hay una forma de dar con el menos inocente de los dos. Sí. Y es algo que funciona, siempre. Porque las cosas se ven claras una vez pasa la tormenta, y es gracias a un detalle a veces infravalorado: la actitud. Tu actitud te delata, para bien o para mal. Cuando los problemas llegan y las decepciones entran en tu vida, en la suya, en la vuestra, hay que esperar a ver las reacciones en frío, pasado un tiempo, y es ahí cuando puedes comprobar sin temor a equivocarte quién es culpable, y quien no. Ante una ruptura, tiene que haber reflexión interna, hablarlo con algún amigo o amiga, y no darle más vueltas al tema. Tienes que aprender a desistir. Duele, es incomprensible y muchas veces no es más que un parche de nicotina que se le da a un fumador compulsivo, el cual lo nota como muy insuficiente.

Frena. De veras. Frena. Tómate tu tiempo, vete de retiro espiritual o algo tan sencillo como salir con los amigos. Sentirás un vacío en el estómago. Será hambre. ¡Jajaja! Es broma. Es normal sentir un vacío, es ese que deja la rutina, la costumbre y lo “normal” en la vida diaria. Pero ya está, pasó, y nunca más volverá.

¿No? ¿No surte efecto? Sonríe. Así vas bien para empezar. No, no me digas que te sigue preocupando. Bueno, vale, lo entiendo. Pero no puedes hacer nada, de veras. ¿Por qué? ¿Enserio me lo preguntas? Mira, te diré una frase de mis padres, de mis hermanos y de todo hijo de madre, salvo mía: “la gente no cambia”. Yo no termino de aceptarla porque creo en que todos tenemos derecho a intentarlo, y a que nos den la oportunidad.

Puedes seguir preocupándote. Lo hacemos todos, unos más en secreto, y otros menos. Es lo que hay, lo que nos toca, y lo que nos tocará hasta el fin de los días. Porque, no lo niegues, te mueres por dentro por acercarte y, aunque nadie te haya dado vela en ese entierro, coger a esa persona de la mano y volver a decirle lo que un día te tocó decirle, porque conoces su carácter, sus debilidades, y sus virtudes. Sigues de lejos su vida, preocupado. Sincérate contigo mismo, reconócelo, y el dolor y la pena se irán. Perdona, mantente al margen y si algún día se te necesita… Demuestra lo que vales. No por demostrarlo, sino porque eres así.

Buenas noches.

miércoles, 2 de enero de 2013

Comienza un nuevo año

Feliz año nuevo. Feliz 2013. Lo normal sería deciros que os deseo que este año que ha llegado tengáis todas las cosas buenas que os merecéis, y que cumpláis vuestros sueños y lleguéis a ser quienes estáis destinados a ser. Lo siento. No puedo decir eso. Estaría cayendo en el absurdo mas grande que se puede caer. No es que no os desee lo mejor, permitidme que me explique.

No odio la Navidad, básicamente porque es el momento en que nos reunimos todos para celebrar “algo”. Los católicos el nacimiento de Jesús, los no católicos a saber qué, y la perspectiva más adecuada es que en general, católicos o no, estas fechas son el momento para estar juntos, en familia. Punto. Estar juntos. Siendo sincero, he de reconocer que el tema católico no se ha tocado en mi casa mas que para el “¿has ido a misa?”  o el famoso “Ah, ¿que hoy es obligatorio?”

Hasta aquí el inciso sobre el tema de la Navidad. ¿Por qué no me gustan las frases estereotipadas y las ideas poco coherentes que se repiten anualmente? Porque son un rollo, un coñazo, una falsedad. Una buena razón sería argumentar que las decimos sin realmente pensar en nada sobre la otra persona, es decir, las soltamos como quien dice “amén” en misa, o como quien sonríe y dice “sí” cuando alguien le ha contado algo y no ha hecho ni caso. “Feliz año, te deseo lo mejor rodeado de los que te quieren y que se cumplan tus sueños”. Creo que podría ser una de las frases mas conocidas y repetidas de todas. ¿Qué hay detrás de toda esta feria? El evadirse de los problemas, posponerlos y pensar que es una buena excusa lo del año nuevo para empezar de cero y eliminar de nuestra mente los constantes fracasos del año anterior. Que si quiero hacer ejercicio, que si quiero estudiar, madurar, leer mas… Todas esas cosas están genial, pero… ¿por qué hay que cambiarlas  a partir del 1 de enero? Si nos fijamos de forma detenida lo único que cambia son las cifras del calendario. Reseteamos nuestra referencia temporal y le sumamos un año. Y ya está.

Quisiera creer que realmente sirve para algo cambiar de año. No sirve para nada. Porque si te quieres proponer algo, el día en que te das cuenta de que estas fallando es el día en que tienes que decidir cambiar. Y precisamente las navidades no son las mejores fechas para cambiar. Comer… Beber… Salir… Puede que no sean las prioridades a cambiar en mucha gente, pero deberían serlo. Comer: algo que es un privilegio, algo que tiene que ser tenido en cuenta con medida, sin caer en empachos absurdos. Beber: borracheras que acaban por dejar peor tu imagen. No, no es lo importante la imagen, sino uno mismo. Cuando caes en la borrachera pasan varias cosas, entre ellas unir salir con beber, o hacer balance de una noche y darte cuenta de que tienes lagunas, comportamientos vergonzosos, y conductas que dejan ver en parte la realidad de cada uno.

El cambio, los sueños, o los buenos momentos son cosas que se trabajan. No se puede pretender pasar de una situación personal mala a una completamente diferente en tan solo un momento. Perdonadme si algunos pensáis que es una buena motivación para aquellos que han sufrido, o para aquellos que no tienen nada. Quizás esté dando la sensación de ser frío y malo, pero no es para nada así. Solamente trato de dar a ver que las esperanzas, los sueños, los cambios en general... Vienen precedidos de un cambio interno, y que ese cambio interno lo realiza uno mismo cuando localiza el foco del problema, y los sueños se cumplen, la suerte sonríe y todo lo bueno aparece cuando uno con esfuerzo y sacrificio consigue darle la vuelta a cosas tan normales como los defectos, o las contrariedades que la vida nos presenta. Y esto es real. No hablo de divinidades que recompensen, hablo de la justicia que rige este mundo. Sea quien sea quien maneje todo este complicado mundo, sabe a quién corresponder con los dones y las alegrías.

Si ahora, por otro lado, hago alusión a un tema concreto, sé que muchos se identificarán con lo que digo. No, no hablo de que no os gusten las uvas, que también es algo interesante de remarcar, pero me quiero referir a algo más serio. Cuando llega Navidad, o Nochevieja, nos pasamos largos ratos escribiendo a la gente para felicitar las navidades y el año nuevo.  Más que un acto de amistad hacia esas personas que reciben la felicitación, en la actualidad, que no en lo referente a nuestros padres, esta costumbre se ha tomado como forma de “demostrar” al resto que les aprecias y que te acuerdas de ellos. Puede que haya un par que sí sean verdaderos amigos o gente de la que verdaderamente te acuerdas, pero por otro lado tenemos la cruda realidad de la apariencia. Aparentar está muy de moda, como creo haber escrito ya en alguna de mis otras entradas. Por culpa de la imagen, la apariencia y con las facilidades actuales de internet, whatsapp, y demás, felicitar a la gente se ha convertido en algo automático.

A mi modo de verlo, felicitar a la gente no demuestra la amistad. Salvo aquellos casos en los que obviamente haya una amistad de verdad. Nuestra mente funciona de tal manera que sentimos la obligación de que, ya que podemos comunicarnos con X o Y, tenemos que felicitarlos, para que no piensen que somos malos amigos. Pues bien, es absurdo pensar que por felicitar a alguien ya eres buen amigo. He de reconocer que alegra ver que ciertas personas se acuerdan de ti, que te escriben algo único y personalizado, interesándose por cosas reales. Volviendo al tema, la amistad se demuestra en el día a día, en el trato y en los detalles de los 365 días que tiene el año. Una amistad no se crea por felicitar el año o la Navidad. Lo único que me divierte son las felicitaciones tan originales que hay cada año, es bastante entretenido leerlas.

Aunque lo peor es la vuelta a la universidad, colegio, o trabajo. Tener que empezar las primeras frases con cada uno con un “feliz año”, es mortal. Es como empezar con el “hola”, pero más obligado en muchos casos.

En resumidas cuentas, y sintiendo haber sido así de crítico durante todo el texto, he de decir que la época del 24 de diciembre al día 6 de enero ha de ser, sin duda alguna, una época de tranquilidad en casa, de recordar con cariño todas las anécdotas del año, la gente que se suma a tu vida, los que se van… Pero no el momento de echar tierra sobre lo complicado, pretendiendo así enterrar unos problemas que echarán raíces y año tras año volverán más fuertes.

No te sientas mal si alguien no te felicita, porque eso no demuestra ni un 0,0001% de la amistad que tiene hacia ti ese alguien. Tampoco te mates por felicitar a todo el mundo, porque no es bueno para ti mismo, ya que creas una obligación que se repetirá anualmente y que no servirá, salvo, repito, para las verdaderas amistades.

Piensa que el año nuevo lo único que marca es la caída de una hoja en ese árbol que es tu vida. Te vas marchitando, a paso lento por supuesto, pero ves que se puede hacer tarde si tienes cosas que mejorar. El cambio ha de empezar en uno mismo desde el día en que surgen las malas hierbas en ese árbol. Tienes la obligación de cuidarlo, no solo por el mal efecto que puede hacer en todo un jardín lleno de árboles preciosos, sino porque cuanto más se cuida la vida de uno mismo, más bello es ese árbol, y más admirado su dueño, y más se tratará de imitar el cuidado que sobre ese árbol se haga.

Lo realmente importante es aquello que nos hace ser mejores, no lo que nos hace aparentar ser mejores. Cuidar a la familia, preocuparse por las amistades, llevar una vida sana de mente y cuerpo, y unos ideales y valores que respeten al resto y que consigan ayudarte a ser mejor y ayudar al resto, si son de utilidad. Nunca hay que olvidar que en lo que tal vez menos nos demos cuenta es donde reside la clave de un crecimiento interior enorme. 

Buenas noches, y de corazón feliz año.


Juan Lasheras

sábado, 8 de diciembre de 2012

Cuánto tiempo


Tras mucho, muchísimo tiempo, y tras muchas experiencias, vuelvo a escribir en este blog. Ha pasado más de un año desde que en septiembre de 2011 escribiera por última vez aquí. Ha llovido desde entonces. Vaya que si lo ha hecho.

No hay manera de resumir todo lo que me ha pasado. Lo único que puedo hacer es decir que he aprendido en todo este tiempo. He aprendido a ser yo mismo, he aprendido a sonreír en las fotos (sacando dientes, vaya) y me he dado cuenta de cómo actuar ante la gente, la vida, y los problemas en general. No hablo de problemas con respecto a exámenes, sino a los que la misma vida te presenta, y que son fruto de tu propia culpa también.

Una novia, un amor de verano, y un Erasmus. Las dos primeras terminaron, y el tercero está a punto, y me da una pena enorme. Pero no es eso de lo que quiero hablar hoy. Tras esas dos primeras personas ha surgido en mi una nueva forma de pensar, una forma de pensar que deja de lado el qué dirán, para centrarse en la pura realidad, en lo que hay y lo que no hay.

Dicen que los actos nos definen, dicen que son nuestra imagen y lo que el resto ve de nosotros. Pero qué difícil es que la gente vea cómo eres si se pierde la mayoría de tu vida, ¿no? Algunas personas nos hemos preocupado más por que la gente vea que somos de cierta manera, por miedo a que se hagan ideas equivocadas de nosotros. Pero eso se acabó. Porque me he dado cuenta de algo, y es que la gente que te conoce sabe como eres, y el resto no. Y no se puede llegar a todos lados, ni justificarse con todo el mundo cuando has hecho algo mal. Somos personas, cometemos errores y los que nos conocen no lo verán como algo tremendo, sino como parte de esa persona con defectos que somos. Tengo 21 años y me doy cuenta de esto ahora, si queréis reíros o sorprenderos, estáis en vuestro derecho, pero las cosas claras: la gente madura a su ritmo y se da cuenta de las cosas con mayor o menor facilidad. A mi me cuesta en algunas cosas, y en otras no tanto.

Volviendo a esos errores que, como las manchas, enseñan a vivir, he de reconocer que no sería quien soy ahora mismo de no ser por la inmensa cantidad que he cometido. Errores buenos, digámoslo así, y errores malos. Errores en los que yo soy la víctima, y errores en los que hay víctimas por culpa de mis actos.

La gente, cuando seas tu quien los cometa, vendrá o no, te dirá o recriminará, y yo ya me he dado cuenta de que la respuesta perfecta es una sonrisa y un “pasó y punto, no siempre se pueden hacer las cosas bien”. Los verdaderos amigos intentarán entender, o incluso no pretenderán entender porque te conocen y saben cómo eres y los motivos por los que puedes cometer errores. Y otra cosa importante es que saben que no sueles caer dos veces en la misma piedra. Luego está ese grupo de gente que no te conoce y le da por opinar. Existe en toda ciudad, pueblo, colegio, universidad… Está, no se puede hacer nada contra ello. Y, que quede claro, contaminarán las mentes de aquellos que se dejen, y esas personas no se acercarán, pero yo os digo otra cosa: quien quiera acercarse se acercará, y sobre todo se acercará quien esté predicho que se tenga que acercar. Nada escapa de los ojos de quien sea que nos esté mirando, guiando y ayudando.

Si haces las cosas mal, no te preocupes, si eres de los que se torturan por ello. Piénsalo de esta manera: has perdido, merecidamente, lo que tanto te importaba por culpa de un error, ¿qué más castigo que eso? Has cometido un error, te toca pedir perdón. Pedir perdón no es lo mismo que arrastrarte, no porque no merezcas hacerlo, sino porque a esa persona a la que le has hecho daño, si realmente te conoce y sabe cómo eres, no le gustará verte arrodillándote. Y una cosa está clara, no te arrastras ante cualquiera. Ese es un dato muy importante. Lo haces ante aquellas personas que sabes que merecen la pena. Igual que te arrastras, si esas personas te hacen daño, no guardas rencor, sino que perdonas a la primera, y en ocasiones tratas tú, sin tener por qué, de solucionar las cosas.
En este punto hay que tener algo de cuidado, porque como bien sabemos, está el bueno, y el tonto. El tonto se pasa de bueno, y le toman el pelo. Experiencia no me falta para distinguir entre uno y otro.

Repito que nadie es perfecto, y que quien pretenda parecerlo… Va mal. Lo bueno de cada uno es que nos salga hacer las cosas bien con el resto porque sí, y no porque queramos aparentar. Hace poco me decía una persona muy especial para mi que yo era perfecto, y yo no quise darle una lista de errores porque no venía a cuento, y porque no quería asustarla. Lo estuve pensando en mi habitación, y me di cuenta, y así se lo transmití, de que la perfección que alguien puede ver de ti no es gracias a tu forma de ser, sino a lo que recibes de esa persona en concreto o en general de la gente que decides rodearte.

No sé dónde ponerle fin a este tema, así que quizás esté cortando sin terminar, pero creo que por hoy es suficiente. Como moraleja… Digamos que yo aconsejo conocerse a uno mismo, saber cómo eres y ver cómo son tus verdaderos amigos contigo. Ojo, también hay que hacer autocrítica y no dejarlo todo en manos de los amigos, que puede que no sean tampoco buen ejemplo y nos estén permitiendo barbaridades. Obviamente qué no puedo omitir… La familia. Ellos sí te conocen y los consejos que te den serán los más objetivos del mundo, y sin intereses de ningún tipo.

Buenas tardes,


Juan

sábado, 3 de septiembre de 2011

La realidad tras el regreso


Leo esta primera frase que escribo y me da la sensación de que hay algo que ha cambiado, tanto desde la última vez que escribí en este blog como desde que dejé Pamplona en junio. Y es cierto, hay muchas cosas que han cambiado... No sé si tantas o de una fuerza tan trascendente como para decir o afirmar que ya no soy el mismo de antes. Probablemente sea así, al fin y al cabo la gente va madurando, hay épocas más fructíferas para ello y yo creo que el verano es el mejor momento. Se hace balance del curso académico, de lo que ha ido bien y lo que ha ido mal, de lo que se puede mejorar y de lo que no hay que cambiar, por mucho que no se haya logrado aún el triunfo y las caídas hayan sido duras.

El verano es, ha sido y será siempre un buen momento para desconectar, para reconectar con nosotros mismos y ver cómo somos y si la realidad es distinta a la vivida durante el curso. Nos ayuda a olvidar, a perdonar, y nos hace ver con quién estamos más unidos de lo que creíamos. El verano es una buena época para empezar a pensar en propósitos nuevos, en metas, es muy buen momento para disfrutar, para quitarse de encima todos los nervios acumulados y noches sin dormir... Aunque por noches sin dormir no hago referencia exclusiva al estudio...

¿Cuál es mi caso? Pues sinceramente este verano he hecho de todo. He estado trabajando, he estado disfrutando de los amigos, del sol (aunque en San Sebastián apenas se ha visto) e incluso he hecho deporte. No obstante ha habido otra serie de cosas que no he hecho y tenía propuestas, pero esas han sido trasladadas al comienzo del curso, y para eso he tenido que entremezclar propósitos y metas y encajar esas actividades incompletas en mi horario actual.

Algunos, los pocos que leáis esto, querréis saber qué ha cambiado, en qué he cambiado y saber si sigo siendo el de siempre o me voy a convertir en un falso o un amargado o llamadlo X. Pues sinceramente, tal y como he dicho en el primer párrafo... Hay cosas que por mucho que no vayan bien no quiero cambiar, entre ellas mi forma de ser, por mucho que haya algunos que no me soporten o no me entiendan o que se me critique por ser tal o cual... Sé que mi personalidad no es mala, no quiero con eso decir que yo sea mejor que nadie ni que los que me critican sean malas personas, simplemente somos diferentes, y yo me siento muy a gusto siendo como soy. Sí que es cierto que agradecería que se me respetase al igual que yo respeto a los que no son como yo... Libertad ante todo, señoras y señores.

Bueno, que esto va sobre la vuelta a la normalidad, no sobre un debate filosófico ni leches. Que sí, que las cosas no están igual que cuando me fui, y sí, he cambiado, y para bien, o eso creo. Experiencias a lo largo de este curso he tenido que me han hecho reflexionar y me hacen ser ahora un pelín diferente, un poco más cauto, menos abierto, más solitario... Parece que no y os reiréis pero no sabéis lo mucho que agradezco mis ratos solo, pensando, o sin pensar... Además, este curso es bastante más complicado que el anterior, más asignaturas, además de tener que sacarme el TOEFL... Va a ser la leche, y no sé si decirlo en términos positivos... Porque o me pongo desde ya o aquí se puede armar una buena... ¡Me juego el intercambio! Ah, aun ni he pensado dónde quiero irme... Me haría gracia irme a Alemania, pero está bastante complicado por temas de idioma y tal... Bueno, quién sabe, ahora toca empezar, y después iremos hablando.

Todo por hoy, a la paz de Dios.

Un saludo,

                                    Juan Lasheras Cuenca

miércoles, 13 de julio de 2011

Vacaciones


Vacaciones... Es esa temporada tan esperada por niños y jóvenes, mayores y ancianos... Estos últimos porque se unen a la familia y dejan la monotonía más que nadie. Llegan las vacaciones y todo cambia. Dejamos los pantalones largos para ponernos nuestros bermudas, desempolvamos los bañadores y sacamos las camisetas que estaban olvidadas al fondo del armario o escondidas debajo de los jerséis.

Entonces sucede lo inevitable... El cuerpo blanco, pálido, muerto... Tiene que ponerse moreno para poder quitarse la camiseta en la playa con un poco de dignidad. Y no solo eso, también hay que ponerse guapetes, depilarse, hacer ejercicio para bajar unos kilitos y muchas otras cosas que requieren una fuerza de voluntad extraordinaria.

Todo el mundo espera que llegue esta época del año con más entusiasmo que ningún otro acontecimiento, y los que tienen exámenes a veces se olvidan de que lo primero es lo primero y se estrellan estrepitosamente, estropeando su verano con un cargo de conciencia increíble, y la verdad es que los que actúan así... lo merecen. Para el año siguiente estudiarán más o al menos en junio se lo pensarán dos veces antes de cogerse vacaciones mentales anticipadas.

Bueno, al igual que llegan las vacaciones para las neuronas, llegan las vacaciones para las redes sociales. Tuenti, Facebook y Twitter descansan un poco de tanto ajetreo durante el curso. Si bien es cierto que aparatos tecnológicos como la BB o el iPhone ayudan sustancialmente por medio de sus chats a reducir la cantidad de horas metidas en estas redes, la gente sigue utilizándolas, como es lógico, pero en menor medida. Y al igual que con las redes sociales los blogs de aficionados como el menda reducen sus entradas increíblemente. Eso es debido a que como no quedan muchas neuronas trabajando la cantidad de creatividad disminuye y para escribir tonterías mejor no escribir...

Para terminar esta breve entrada, dentro de lo que suelen ser las mías, os aconsejo que no tratéis de cambiar porque los estereotipos os lo manden, que sois suficientemente buenos tal y como sois, que quien os vaya a mirar mejor por estar más negros o más depilados solamente merece sentir pena por ellos. Vivid la buena vida y cuidaos, no estéticamente, sino mentalmente y en temas de salud, comed sano y todas esas cosas que siempre nos dicen nuestras madres... Todos sabemos que cuando una madre habla... ¡va a misa!


Buenas noches a todos, un abrazo.


Juan Lasheras Cuenca

jueves, 9 de junio de 2011

Objetivo: Mediación

Ayer por la noche, a eso 1 de la de la noche, puse Antena3 para ver qué echaban a esas horas, aunque me iba a ir a la cama porque estaba bastante cansado y quería, aunque no me lo creía ni yo, levantarme pronto para estudiar algo para las recuperaciones. Sin embargo, dio la casualidad de que vi una serie de imágenes y testimonios bastante interesantes, y decidí quedarme viendo A3 para ver de qué trataba exactamente el programa que echaban.

Poco después, el tema que trataban empezó a caldearse, aparecieron un par de chicos sospechosos: uno tenía el ego muy subido y el otro estaba muy inseguro de sí mismo. En resumidas cuentas: uno de ellos había estado dando palizas a chavales de su colegio y el otro lo grababa para poder venderlo en internet. Increíble. A cuadros me quedé, ajoconado y totalmente indignado. Eso es indignación, y no lo que otros pretenden que sea.

El programa, titulado igual que esta entrada, trata sobre un grupo de “investigadores” que tratan de sacar a la luz temas relacionados con acoso en las aulas, es decir, el bulling de toda la vida, el mal rollo o las peleas entre gente joven pero llevado a un extremo que da escalofríos. 

El primero de los casos que vi, aunque llegué un poco tarde al programa, tenía como víctima a un chico que había acabado en un hospital apaleado por, según decía él, un compañero del colegio. Para ayudar a dar credibilidad al testimonio de este chico, salió otro que también había sufrido el acoso del mismo compañero de clase, pero un año antes, para dar fe de lo dicho por Ramiro, que así se llamaba el alumno que estaba en el hospital. El nuevo chico que entró en escena se llamaba Carlos y se había visto obligado a cambiar de instituto porque además habían grabado esa paliza y la habían colgado en internet.

Los dos sospechosos tenían diferentes modos de ser: uno era el jefe, el listo, el calculador, el frio; mientras que el otro era el que se dejaba llevar, el inseguro, el influenciable. Roberto era el cabecilla, y Mario el cómplice. Inicialmente ambos negaron tener nada que ver ni con Ramiro ni con Carlos, aunque así como Roberto estaba subidito, Mario se mostraba miedoso e inseguro. Una vez conseguidas las pruebas que incriminaban a ambos, Mario pidió disculpas porque estaba sometido a lo que Roberto le decía, y Roberto dio una explicación a lo ocurrido diciendo que le daban dinero por pegar, y que solamente pegaba a los chicos pringados, que a los respetables no los tocaba, y lo decía con tanta tranquilidad que daba miedo escucharlo. Los padres de ambos chicos veían imposible que sus hijos fuesen violentos, pero la sorpresa y decepción que tuvieron que llevarse… Tuvo que ser tremenda.

La sociedad de hoy en día ha conseguido inhibir los sentimientos de los jóvenes, todo el mundo del cine violento, los videojuegos violentos y la pasividad de los padres para influir positivamente en sus hijos ha hecho que la actividad violenta por parte de los matones haya crecido de forma increíble, y ha llegado a un punto tal, que la gente no tiene problemas para pegar, engañar a sus padres e incluso cometer un delito tan grave como cobrar por dar palizas… Lo mal que está el mundo hoy, lo mal que está esta generación de jóvenes… Roberto tiene hoy en día 18 años creo, si no 19… Y ya es un delincuente.

 ¿Que puede rectificar? Por supuesto, pero el mero hecho de haber infligido un daño tan grave no sólo a nivel físico sino también a nivel psicológico a tantas personas (porque fueron más de 5 los alumnos que le denunciaron) le ha tenido que marcar, y la insensibilidad de esa persona va a causarle muchos problemas, y la justicia no consigue solucionar una desviación mental como esa, y el peligro para los que vivimos o viven más bien en el circulo de esas personas es enorme…

Hemos llegado a un punto en que pegar es normal, maltratar está a la orden del día, y todo eso es por culpa de lo que tenemos a nuestro alrededor: videojuegos violentos, películas sangrientas… Algunos pueden decir que qué culpa tienen las películas o los videojuegos… Pues bien señores, el problema está en que hacen creer al ser humano que lo que está acotado en un mundo virtual puede sobrepasar el mismo y salir a la realidad, y que habrá impunidad para gente que cometa dichos delitos, pero la realidad es muy distinta. Hay que castigar al que hace bulling, hay que castigar al que margina a una persona, al que lanza rumores falsos, al que es capaz de no sentir culpa cuando una persona está sufriendo por sus actos irracionales… 

Sé que el derecho busca la resocialización y la redirección de los culpables pero… ¿Acaso eso es suficiente para evitar que la mente vuelva a su ser natural? En mi opinión no lo es, y creo que las medidas que se deberían tomar contra esta panda de brutos insensibles deberían ser mucho mayor, o al menos tener la profundidad suficiente para arrancar el más mínimo atisbo de reincidencia de su cabeza.

Esto es todo por hoy, aunque aquí no queda la cosa, el próximo día hablaré de otro caso que apareció en este programa, mucho más impactante y preocupante que este.

Buenas noches,

Juan Lasheras Cuenca

lunes, 6 de junio de 2011

15-M, los indignados.


Muy buenas noches, o muy buenos días o lo que sea… En resumen: bienvenido. Después de un parón obligado por exámenes y otro por periodo de relajación… He vuelto. 

Hoy quiero hablar sobre el movimiento 15-M, un grupo de personas, españoles y españolas, que decidieron, gracias a la inestimable ayuda de las redes sociales, reunirse en lugares importantes de diversas ciudades para protestar contra el sistema político actual, pero ojo, no contra el Gobierno, no, sino contra el sistema, es decir, contra la democracia. Y me surge a mí una duda creo yo obligada: ¿por qué contra el sistema? ¿Por qué no esperar a que otro partido político pueda gobernar y cambiar las cosas? Es decir, en el caso de que fracasaran también pues entonces sí que tendríamos un grave problema, pero lo que no me parece justo, y creo que no soy el único que lo piensa, es que por que el que lo ha hecho mal sea el partido al que ellos votaron… Eso no quiere decir que la oposición lo vaya a hacer mal. 

Todo empezó en Sol… Ahora se ha convertido en el bastión de la resistencia, en el lugar hacia donde miran todos los demás… Pues bien señores, la Puerta del Sol se ha convertido en el lugar más sucio, intransitable y además una zona tan emblemática como esa se está viendo manchada y perjudicada por unos cuantos que no tienen otra cosa que hacer que quedarse allí a molestar. No estoy posicionándome del lado de nadie, no soy pepero ni nada por el estilo, simplemente veo que es algo ilógico montarse un chiringuito donde pasar el día con los amigotes o conocer gente y hacer tanto daño como están haciendo a la economía española. ¿No se quejan de que los políticos nos llevan a la ruina? Pues ellos están llevando a la ruina a los comercios de los alrededores, pero eso les da igual, paz y amor hermano, mientras yo te jodo pues… tú te jodes y punto.

Injusto, totalmente. Indignados se llaman… Pues bien, si un grupo de estudiantes y parados se consideran indignados… En primer lugar habría que tratar a cada loco por su tema: los estudiantes… ¿qué hacen ahí? ¿De qué se quejan si ellos tienen que estar estudiando para labrarse su futuro? ¿Qué pasa, que como lo ven chungo en la uni quieren conseguir el trabajo sin tener que estudiar y montan todo esto para que den curros a casco porro? Mal me parece, que unos porretas, hippies y filósofos aburridos quieran molestar a la mayoría española con sus sandeces. ¿Que hay corrupción? Claro que si, ¿Dónde no? ¿Que lo están haciendo mal? Pues sí, pero de ahí la voluntad de cambio del electorado… ¿no? ¿Que falta empleo?  ¿Acaso se soluciona algo quedándose en una plaza mientras los medios de comunicación te graban como si fueras un perro con la rabia?

Porque ahí hay otra… Los medios, ¡malditos sean! Si no fuera “gracias” a los medios de comunicación, que sacan carroña de todo lo que pueden, este grupo de indignados ya se habría esfumado, porque es como el típico tío que ve una cámara de TV en la calle y se pone detrás a saludar como un tonto… Me enfocan, me quedo, pasan de mí, pues me voy… Y es así, y en cuanto no sea noticia más que por lo molestos que resultan… Se irán, o inevitablemente les echarán. ¿Acaso pueden adueñarse de una zona pública? Ni hablar, solo faltaba eso, que pudieran hacer campamentos en medio de la calle. Eso sí, lo intento yo con unos coleguitas en cualquier parte y a los 5 minutos tengo a los municipales echándome a patadas…  Hablando de patadas… Para el próximo día queda el tema del desalojo de Barcelona, que también tiene tela.

En resumen… Ni indignados ni nada, que todos estamos descontentos pero esto es lo que hay, esto es España, y cambiará en el momento en que los políticos vean el desastre que hay en nuestro país. Del PSOE es difícil fiarse… Véanse los ejemplos de Castilla-La Mancha, donde andan destruyendo documentos, o Andalucía… Que tenían la pensión asegurada hasta las ratas de los ayuntamientos.

Señores, juzguen ustedes mismos. Yo estoy indignado, pero para eso sirve el voto.

Buenas noches y muchas gracias.


Juan Lasheras Cuenca